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Introducción

 

Las zonas costeras están entre las áreas del globo más vulnerables al impacto del cambio climático considerando las amenazas que suponen la subida del nivel del mar, el impacto de tormentas severas y cambios en la precipitación y escorrentía entre otros agentes. Las razones hay que buscarlas en la concentración de población y actividades humanas con el consiguiente aumento de los valores en exposición; la sensibilidad de sus ecosistemas, ya amenazados por la actividad humana y, la alta dinámica natural a la que se ven sometidos. Estos factores determinan que, ya en la actualidad, la zona costera se convierta en una de las regiones con mayor riesgo natural del globo.

 

 

 

 

Dentro de este contexto, la costa Mediterránea puede considerarse como  un hotspot con respecto a esta situación al incluir numerosas áreas en las que se concentran estos factores de riesgo, por lo que puede considerarse como un buen laboratorio para el análisis del impacto del CC así como para el desarrollo de medidas de adaptación. Adicionalmente, el escenario actual de desarrollo costero y las expectativas para las próximas décadas, hacen recomendable abordar su estudio de forma específica dado el impacto que puede tener para la economía y el medio ambiente europeo en general y, de España en particular. De hecho, el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) insiste en que la mitad oriental de la Península es la más sensible al cambio climático y las inundaciones, concediendo a su estudio un valor prioritario.

 

 

Ante un contexto de un futuro incierto debido a las condiciones climáticas, desarrollo socio-económico y evolución prevista en la zona costera, parece evidente la necesidad de planes adaptativos de gestión que permitan acciones a corto plazo, opciones a largo plazo en función de cómo sea el futuro y, planes de monitoreo que permitan decidir el tipo de acción. Un elemento intrínseco a esta aproximación es el principio de que la adaptación no se puede conseguir a partir de una única acción, sino que debe ser considerado como un proceso que debe ser gestionado a través del tiempo y es aquí donde juega un papel emergente el desarrollo de las rutas de adaptación. Estas rutas de adaptación pueden definirse como una serie secuencial de acciones desencadenadas por cambios en las condiciones externas (ambientales o sociales) que conducen a un futuro con soluciones a través de la gestión adaptativa. El cambio de una acción a otra, o lo que es lo mismo, una forma de evaluar la solidez y viabilidad de una estrategia de adaptación es a través de los tipping points de adaptación -ATP-. Estos pueden definirse como instantes en los que las modificaciones en el sistema debido al CC son tales, que la estrategia elegida no es capaz de cumplir con los objetivos prefijados Estos ATP se deben evaluar en base a una serie de umbrales críticos que dependen del objetivo del análisis y de la zona de aplicación y determinarán los límites de adaptabilidad.